..Ella se abrazaba a su vida. La sujetaba, apretándola contra su cuerpo, junto a los latidos de su corazón. La besaba, no quería perderla, acariciaba cada rincón de su cuerpo mientras susurraba todas las palabras que no había dicho. Pero ya la había perdido, no sentía su magia. Gritó a la luna, enfurecida como jamás había estado y desconsolada como nunca pensó que estaría, preguntándose por qué se había dado cuenta tan tarde de que él era su vida...[...]

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